¿Quién dijo que para ver sitios bonitos había que saltar un charco? A veces, simplemente con bordearlo, podemos llegar a uno de esos lugares de los que hemos oído hablar pero que, por unas cosas u otras, nunca hemos estado o, al menos, no hemos apreciado en su momento.
El fin de semana pasado nos fuimos a Baiona, al sur de Vigo, a pasar dos días.

Fuimos en coche, el desplazamiento en autobús desde Pontevedra era complicado, ya que teníamos que hacer un trasvase en Vigo, y no hay ni trenes ni otras alternativas…
El viaje no fue excesivamente largo, y, como conducía Raquel, fue tranquilo y sin sobresaltos. Llegamos al hotel a la primera, y encontramos un sitio en el parking justo delante. El fin de semana no pudo empezar mejor… Si no fuese por la incesante lluvia.
Descargamos el equipaje en nuestra habitación del Hotel Anunciada (siempre buscamos los hoteles más baratos), y salimos a dar un paseo, metidos debajo del paraguas.

La habitación, aunque simple, ofrecía una vista interesante de la parte posterior del hotel
Caminamos por las callejuelas de la zona interior, y subimos a un mirador que, al parecer, formaba parte de una cafetería. Las vistas no eran todo lo impresionantes que cabía esperar, pero un par de fotos con la niebla siempre son bienvenidas. En el camino de vuelta, recorrimos la costa, hasta que la lluvia se hizo más intensa, y volvimos al hotel.
El sábado por la mañana desayunamos en un pub irlandés que habíamos visto la noche anterior. El desayuno, por 3 €, incluía un zumo de naranja natural bastante abundante, un café con leche, y un croissant. Tras desayunar, fuimos a visitar el Parador. La entrada, para pasear por la muralla, y el recinto interno, es de 1 euro, y como somos pobres, pero no tan cutres, lo pagamos y dimos una vuelta por dentro. El día era favorable, así que se hizo agradable, y para cuando termiamos de dar el paseo, el calor ya se dejaba notar. Tras recorrer el interior, volvimos a rodearlo, pero esta vez por el paseo público que rodea las murallas. Fue interesante ver todo el complejo desde ambos puntos de vista, aunque desde abajo se veía más majestuoso, si cabe, y se notaban más cerca las olas que rompían contra las rocas.



Más tarde nos subimos al coche de nuevo, y fuimos hasta A Ramallosa a comer al Pizza Móvil, y de ahí, hasta Playa América a visitar a una amiga.
Al volver, volvimos a recorrernos la zona, para ver que más había, y cenamos en una bocatería cerca del hotel.
Por la mañana, desayunamos en el mismo pub, recogimos nuestras cosas, y fuimos a Vigo a comer, y de ahí, a casa.
No fue un viaje largo ni tan siquiera especialmente fructífero, pero ya podemos tachar un sitio más del mapa.
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